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martes, 23 de febrero de 2010

Historia para matar el tiempo. (Otro cuento breve y extraordinario)


Lo siguiente pudo ser tema de alguna antigua tragedia griega:


"Entre mi colchoneta y la tabla de la cama, había encontrado, en efecto, un viejo pedazo de periódico casi pegado a la tela, amarillento y transparente. Relataba un suceso cuyo comienzo faltaba, pero que debía de haber acontecido en Checoslovaquia. Un hombre había salido de una aldea checa para hacer fortuna. Al cabo de veinticinco años, había regresado, rico, con una mujer y un niño. Su madre regentaba un hotel con su hermana en la aldea natal. Para darles una sorpresa, dejó a su mujer y a su hijo en otro alojamiento y fue al hotel de su madre, que no lo reconoció cuando entró. Por broma, tomó una habitación. Había dejado ver su dinero. Durante la noche, su madre y su hermana lo asesinaron a martillazos para robarle y arrojaron su cuerpo al río. Por la mañana vino la mujer y reveló sin darse cuenta la identidad del viajero. La madre se ahorcó. La hermana se arrojó a un pozo. Debí de leer esta historia miles de veces. Por una parte, era inverosímil. Por otra, era natural. Me parecía, de todos modos, que el viajero lo había merecido un poco y que nunca se debe jugar."

Albert Camus, "El extranjero"









miércoles, 23 de diciembre de 2009

A Grete, de Jorge Wiesse

Como soy un holgazán y, por ello, no tengo nada propio que escribir aquí, dejo ahora un poema de Jorge Wiesse (quien, por cierto, fue mi profesor hasta hace unas semanas -me siento bastante agradecido e incluso algo afortunado). Tengo la impresión de que los versos que siguen han capturado bastante bien la circunstancia en la que G. Samsa padece su vida nueva. Es notable la aliteración que se utiliza en toda el poema, recurso que nos da un logrado efecto sonoro que recrea con mucha precisión (no sé si con exactitud total) los balbuceos del insecto en sus reflexiones. Me parece un poema bastante logrado, un agradable encuentro con una composición distinta de las que pululan por ahí sin ningún mérito.



A Grete



Du mußt bloß den Gedanken
loszuwerden suchen,
daß es Gregor ist
.

Franz Kafka, Die Verwandlung



Supuro sanies, sanguaza y saliva
Saburrosa --y un siseo sinuoso
Que sale de mi sámago y es zonzo
Socolor, sucia sanguaraña cíclica.

Solo esta soflama, ya sibilina,
Te silbo: Será mi serga ël solo
Serpeo con que el sanedrín silvoso
Me sancionó, y tu seca sevicia.

No, no el sapillo ni los siflomas
Que en soros sarpullen este serpigo
Donde son sentinadas las manzanas:

Tú y tu solicitud me han suprimido;
Tú que, segura, supliste, con sosia
Siniestro, esas mis señas sepultadas.



(Jorge Wiesse. Vigilia de los sentidos. Editorial Laberintos, Lima, 2005. 107 pp.)
















jueves, 10 de diciembre de 2009

XXXVI


Thánatos

En medio del camino de la Vida...
Dijo Dante. Su verso se convierte:
En medio del camino de la Muerte.

Y no hay que aborrecer a la ignorada
Emperatriz y reina de la Nada.
Por ella nuestra tela está tejida,
Y ella en la copa de los sueños vierte
Un contrario nepente: ¡ella no olvida!



Rubén Darío














(Para Darío, la princesa habíase perdido entre las veleidades de su palacio. Su darse cuenta obtuvo el mundo como recompensa y eje de angustia. Los perfumes se evaporaron lentos en la ventisca. Ahora, las hebras que dominan junto al Tiempo.
Tiempo, Darío mío... tan sólo Tiempo!)






jueves, 20 de noviembre de 2008

Demonbearer, de Glauconar Yue

El texto que reproduzco a continuación es un cuento titulado "Demonbearer", del (relativamente) novel escritor Glauconar Yue, quien, a su vez, ha publicado ya una nouvelle llamada "El empalador" (Bizarro ediciones). El interés por los escritos de este autor puede saciarse visitando su blog, cuyo enlace se encuentra en esta página (parte inferior derecha). El texto ha sido tomado del blog "Amores bizarros", de Max Palacios; me tomé el atrevimiento de corregir algunos errores de redacción; en todo caso, pueden ver el texto original en el blog citado.


El tío de Lucía había venido de Estados Unidos a visitarlos y los padres decidieron que era propicio invitarlo a cenar. Así que fueron todos en familia, los dos padres, el tío y Lucía, a uno de los restaurantes más conocidos. Ella llevaba una blusa blanca, una faldita corta y una vincha roja reteniendo su pelo negro lacio, el cual cubría solo parte de su cuello. Encontraron un lugar en la terraza, frente a la gran fuente con luces de colores. Había muchísima gente hablando y en el fondo sonaba una música ligera. El tío contaba sobre Manhattan y cómo eran las cosas ahí y, en cierto modo, todos ya lo sabían porque salía en todas las películas. Hacía un leve viento de primavera, fresco pero no frío, que cargaba el perfume de las señoras y el humo de los fumadores. Pronto vino el mozo vestido impecablemente y preguntó qué querían. Cuando le preguntaron a Lucía, ella no supo bien qué decir, murmuró algo sin dejar de clavar sus ojos en el mantel. Así que el padre pidió algo por ella, milanesa de pollo, eso siempre le gustaba. Poco después de haberse ido el mozo, Lucía se levantó y dijo que tenía que ir al baño. El tío se quedó mirándola mientras se iba y comentó que era una niña muy linda pero algo extraña. El padre lo tranquilizó [diciéndole] que eso siempre sucedía con los adolescentes, a ella le daba de vez en cuando, pero pronto se le pasaba.

Mientras, Lucía en el baño se miraba al espejo y sentía el sudor frío correr por su frente. El colegio se había puesto pesado y además estaba el chico de al lado, del que no sabía lo que quería en verdad, y ahora venía su tío y ella tenía que quedar bien, tantas cosas, eran todas importantes. Pero justo entonces le tenía que suceder eso, justo en ese momento. La vez pasada nadie se había dado cuenta, por suerte, nadie lo había visto, ella luego había también llegado a creer que había sido un sueño, pero entonces estaba ahí de nuevo: el sudor frío, las náuseas y ese algo moviéndose dentro de ella sin parar. Se echó agua fría a la cara pero se sintió aún más mareada y tuvo que sentarse en el escusado porque perdía el equilibrio. Después se apoyó en la pared, abrió la tapa del water y escupió dentro. De pronto se sintió ridícula, se olvidó de todo y se puso de pie de nuevo. Las cosas tenían un extraño silbido, ya no tenía jaqueca sino un completo vacío en la cabeza que no le dejaba pensar en nada, las luces se veían mucho más claras y distantes, todo como en video. Salió caminando de ahí, sintiéndose quizá algo mejor, pasó por entre la gente que conversaba banalidades y frente a los mozos y se paró al medio de la plaza, frente a la fuente iluminada. Y dejó que suceda. Su pecho estalló, arrojando una cosa que se abalanzó contra la gente, gruñendo, mientras Lucía lo observaba sin moverse, completamente ilesa.


Considero que lo más memorable de esta breve narración es su final, tan inesperado como impactante. No ha sido necesaria la descripción explícita de la escena última; uno puede imaginar claramente a ese ser (algo) inocente, destrozado, observando cómo su cría (?) aniquila a todos los individuos posados en la plaza que, increíblemente, se ha convertido en el escenario de una carnicería. En mí se formó la mirada de la niña agonizante, una mirada que denota un por fin alcanzado alivio; y una sonrisa sombría que por breves instantes (suponiendo que la niña muere tras el alumbramiento) goza de la desesperación de las personas que, acaso, claman por última vez la clemencia de Dios.