martes 10 de noviembre de 2009

(*)


Tras unos versos furiosos, escritos más bien por impulsos salvajes o de desquite, decidí salir del campo. Había impotencia (que siempre se hace presente en estas ocasiones), confusión (que siempre se hace presente en estas ocasiones), un poco de odio (que siempre llega tarde en estas ocasiones); cada paso me dolía.

Antes de regresar al cubil, quise ir por unos paleativos. De manera muy vaga, pude ver que fuera del campo unas señoras recolectaban dinero para no sé yo qué causa. Las ignoré, ensimismado en reflexiones acerca de esos versos tan nuevos por fieros y tan no míos. Yo los había escrito, aunque nunca pensé escribir por desfogue. Me había traicionado un poco a mí mismo.

Conseguí lo que quería y me propuse regresar a casa. Pero, casi sin darme cuenta, como movido por un agente externo o (si se quiere) por lo inconsciente, me vi colocando unas monedas en la urna de las señoras que pedían dinero para no sé yo qué causa. En retribución, ellas me pusieron una figurilla en la camisa -indicador de mi colaboración. Me alejé tras quitarme la calcomanía; la tuve en mi mano hasta luego de una cuadra. Prendí mi paleativo, aún pensando en mis anteriores versillos, y entonces vi la figura que todavía guardaba entre mis dedos. Tenía un mensaje. "Dulces son tus palabras".

Me pregunto ahora si este comunicado no fue también maniobra de
aquel viejo que me habló de la fe. Séalo o no, me resulta al menos un contraste que va más allá de lo que me permite la lógica.






(*) Resurrección: Otra vez, se ha ido mi alma.
Puedo volver a escribir.






jueves 2 de julio de 2009

Θάνατος


Ya no voy a escribir más aquí. No descarto un esporádico regreso, pero estoy convencido de que ello será muy improbable. Quise hablar sobre tantas cosas con la nada como eje, pero ya las cosas van perdiendo sentido.

Nunca pude terminar esa "serie" que llamé Purgatorios humanos. Pensé en cuatro partes sueltas, mas sólo llegúe a tres. La cuarta, acaso la más importante, es innarrable: la suma realidad, la experiencia vivida hasta lo más profundo del ser, no es materia de la ficción -supera cualquier lógica narrativa.

Gracias, muchas gracias a quienes dedicaron unos minutos a la revisión de estas líneas. Agradezco también los comentarios alentadores o críticos, sus burlas o su interés. Y doy gracias también por haberse mantenido este espacio con poca difusión; ha sido un acto piadoso.

Dejaré, sin embargo, abierto este lugar para quienes quieran revisar nuevamente (o por primera vez) lo escrito hasta hoy; así también, dejo los enlaces a los caritativos otros mundos.

Hagan, pues, lo que deseen con este sitio -a mí ya no me importa.

Adiós.








miércoles 8 de abril de 2009

Cobain

Hace quince años un electricista, quien jamás pensó ser parte casi fundamental de la tragedia, encontró el cadáver de Kurt Cobain; su cuerpo yacía inerte desde tres días antes. Según cuentan las investigaciones "oficiales" (y las comillas las coloco para aquellos que no están conformes con tal versión), el joven se habría disparado en la cara con una escopeta tras una fuerte dosis de heroína; cómo pudo alguien dispararse en la cabeza con tanta precisión bajo los efectos de una droga tan potente es difícil de explicar -pero sólo esto sabemos acerca de su prematuro suicidio.

Camus escribió que el único problema filosófico realmente serio y que valía la pena de ser reflexionado era el del suicidio. Cobain había reflexionado demasiado en tan corto tiempo, y su conclusión fue fatal. Apresurada o no, la decisión de partir no constituyó sino su única vía de escape. Escapar o no del mundo que abruma de manera fatídica y hasta con malicia: ese, al parecer, fue el gran dilema de sus últimos días.

Supongo que para muchos este día es causa de recordar canciones furiosas, gritos increíbles en conjunción con armoniosas voces lacónicas; todo confluye, siquiera de manera efímera, en la aflicción por la partida de un ser que sólo buscaba tranquilidad consigo mismo, restabilización, Nirvana.

Mas, ¿qué manera de recordarlo es aquella que hace de su memoria un nuevo objeto de mercancía? Y es que usar su firma y fragmentos de sus diarios para estamparlos en un par de zapatillas, me parece simplemente una vileza. Aún muerto, la industria lo sigue despedazando para repartir sus pedazos a las masas egoístas y desconsideradas. Al parecer, su decisión no tuvo el resultado deseado: Cobain se fue para que lo dejasen en paz, pero es seguro que aún sigue revolcándose en la tumba; diríase a sí mismo que ha muerto en vano.

Dejémosle, pues, disfrutar de su retiro y, en vez de tomarlo como objeto de obsesión bajo la excusa de su apoteosis, escuchémoslo. Que eso es lo que Kurt Cobain quería: ser escuchado.












miércoles 1 de abril de 2009

Morbo



Han abierto una feria de libros en la universidad. No pensé asistir sino hasta el día Viernes; mas la deficiencia de nuestro transporte público me obligó a quedarme en la universidad un par de horas más. Decidí, por tanto, ir a la feria.

Hay tantos libros que uno no sabe cuál escoger; no me es fácil decidirme por uno en especial, pero hago el intento. Llegué al puesto de la librería "La familia". Vi un primer libro que me llamó la atención, aunque continué paseándome entre el resto. Bajo un rótulo que rezaba "Literatura", vi libros de Milan Kundera, Bioy Casares, Woody Allen (!)... hasta que vi a Kafka.

No era el Kafka narrador, era el Kafka que más me intimida; era Kafka a través de sus diarios. Abrí el libro; la primera hoja decía algo así como "edición a cargo de Max Brod". Max Brod, el que hizo de Kafka un San Garta; aunque no le tengo rencor -pues por él se conservaron varios escritos de su amigo-, ya no veo su nombre sin inquietarme siquiera un poco. Vi el reverso del libro; decía: "...no destinados a la publicación...". Entonces, ¿con qué derecho revisamos sus "más íntimos secretos"? Definitivamente, es el morbo de querer saber todo acerca de la vida de este escritor tan manoseado por quienes se dedican a estudiarlo. Algo incómodo ya, dejé el libro en su lugar y sólo me llevé el primer libro que anteriormente había encontrado.

Pagué, agradecí, me fui. Sentado en una banca, revisé el libro que había comprado. "La esperanza y lo absurdo en la obra de Franz Kafka", me gritaba el título de uno de sus capítulos. Absurdo. Yo, que había leído ya algunos fragmentos de los diarios de Kafka para un curso de Narrativa, sabía que esos escritos -por ser de esa índole- poseían formas caóticas; todo desorden, ideas por aquí, ideas por allá; algunos escritos un poco muertos, sin sentido, absurdos.

Y el morbo se apoderó de mí.

Regresé a la tienda. Rápidamente me dirigí hacia el lugar donde había visto
ese libro. ¡Tal vez ya se lo habrían llevado! ¡Tal vez alguien se dio cuenta de lo mismo y tampoco pudo resistirse! ¡Ya no estaba! No, sólo lo habían cambiado de lugar. Tal vez siempre estuvo ahí, la confusión habría sido mía. Lo volví a sacar. Me lo llevé.

Leo las primeras frases y me siento culpable. Culpable porque, en primer lugar, nada me diferencia ya de las jovencitas que lo quieren saber todo con detalle acerca de sus efímeros ídolos; por otro lado, porque me doy cuenta de que esta lectura es necesaria, a pesar de lo que Kafka haya previsto para sus diarios y otros escritos -el fuego. Pero también me doy cuenta de algo más alentador: que no estoy interesado en saber al detalle sus pensamientos más personales, sino que he encontrado un refugio. El escritor que no podía escribir (¡quién sabe por qué no!) ha encontrado en mí un par; yo he encontrado un confortable cubil.

El primer libro que tomé fue "El mito de Sísifo", de Albert Camus.







lunes 16 de marzo de 2009

César Vallejo

Hoy, dieciséis de marzo, se celebra el aniversario ciento diecisiete del nacimiento de César Vallejo, nuestro poeta más aclamado por la Literatura universal.

Muchas opiniones se han vertido sobre la obra y vida de este personaje tan oscuro; algunas, claro, más acertadas que otras. Todos quieren hablar de Vallejo, de su miseria, de su compromiso con la humanidad, de Trilce, de su rostro siempre triste y meditabundo (1). Pero ¿se le ha escuchado verdaderamente? Seguramente, aunque tal vez sean pocos los casos y las veces; en cuanto a mí, aún me encuentro en ese proceso (a veces interrumpido) de descubrimiento. ¡Qué sinceridad se encuentra en sus primeros versos! Su asonancia valora la esencia antes que la forma. La brusquedad y crudeza de algunas palabras suyas son reposo de muchos lamentos; de la pena por aquellos que se alejan, por la ausencia de los mayores, por los idilios que han muerto.

Dejemos (mejor) que hable el propio maestro. Reproduzco, pues, a continuación un poema (2) que celebra, muy a la manera de su autor, este día -del cual algunos han olvidado ya el recuerdo.


Espergesia

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
Y no saben que el Misterio que sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.











(1) Aunque existe también una fotografía (al parecer, la única) en que se retrata a un Vallejo sonriente. A quien le interese: http://www.andes.missouri.edu/andes/Especiales/CALVallejo/VallejoSonriente.jpg

(2) Extraigo este poema de la
Obra poética de César Vallejo (Lima, Ediciones PEISA, 2002), que se basa en la Obra poética completa preparada por Georgette de Vallejo (Lima, Francisco Moncloa Editores, 1968).








lunes 9 de febrero de 2009

¿Y qué es lo que ha logrado Israel?

(No me gusta escribir sobre politica; casi siempre brinda únicamente malas noticias. Espero que estas sean mis últimas palabras al respecto. Si escribo ahora sobre este tema tan triste, es porque me parece que todo aquel que rechace las acciones tomadas por Israel contra el pueblo de Gaza no debe quedarse callado; no queremos que el silencio se convierta en complicidad. Manifestarse es la única manera en que podemos mostrar nuestra repugnancia, aunque las manifestaciones no logren nada práctico, en muchos casos. Hubiera querido publicar estas notas hace unas semanas, pero el tiempo es insuficiente a veces.)

Tras la masacre, al encontrarse Israel y Gaza en un relativo (o supuesto) estado de paz, cabe preguntarse, ¿Qué ha logrado finalmente Israel?

¿Cuál era la meta del gobierno israelí? Según se informó, acabar con el poder terrorista de Hamas -es decir, exterminar a todos sus miembros por "el bien de los pueblos de Israel y de Gaza". No les bastó. Había que estar completamente
a salvo. No hubo mejor idea que la de bombardear incluso contra todo aquel que habitara la franja de Gaza. ¿Les bastó? No. Tuvieron que utilizar bombas de fósforo blanco, prohibidas según los convenios de Ginebra. Aún si no estuviera vigente su prohibición, el uso de esas armas es una acción totalmente repudiable. ¿Acabaron con los de Hamas? No. Acabaron con más de mil vidas inocentes, incluidos niños, mujeres, ancianos (
BBC). Ahora sí, ¿Qué ha logrado Israel? ¿Qué ha logrado el gobierno israelí? ¿Qué ha logrado la reelecta ministra Tzipi Livni?

Logró demostrar que es un gobierno al cual no le importan los medios utilizados para lograr su cometido; no nos sorprendamos si durante los próximos cuatro años (de la era Livni) acciones similares siguen sucediéndose (*).

Logró convertirse en el estado más odiado del mundo en la actualidad.

Logró demostrar que la ONU, el bendito organismo por el cual todos enloquecen cuando se trata de esa falicia que suelen llamar "derechos humanos", es una entidad incapaz; así pues, Israel nos ha mostrado que no le importa pisotear a las Naciones Unidas si se trata de "lograr la paz" -y parece que a la ONU no le importó ser pisoteada.

Logró que no sólo los judíos ciudadanos de Israel, sino los judíos de todo el mundo sean mirados ahora con cautela y hasta con rencor, en muchos casos. Y esto a pesar de haber un considerable número de judíos -dentro y fuera de Israel- que se oponen a las acciones del gobierno israelí -entre ellos, Chomsky.

Logró que algunos rememoren a Hitler y a los campos de concentración. Y tal rememoración no necesariamente se basó en las penurias judías: la gente (y esto lo he escuchado frecuentemente) se pregunta "¿habrá tenido Hitler la razón?"; en el peor de los casos, muchos ya aseveran que Hitler tuvo la razón. No comparto esta opinión tan apresurada.

Y logró, sobre todo, sembrar el odio, el resentimiento y el inminente placer de la venganza en niños que poco o nada tenían que ver con este conflicto. Pregúntesele a cualquier niño de Gaza sobre qué es aquello que quieren ser o hacer cuando grandes. La respuesta común: venganza.





(*) Nota del 22 de febrero: Hasta el día en que escribí estas notas, no se sabía sobre la designación de Netanyahu para presidir el gobierno israelí. Livni aún tendrá presencia en este gobierno de "coalición"; no sé hasta qué punto será relevante su intervención en asuntos internacionales, mas de seguro no será nula.








domingo 8 de febrero de 2009

Charlot

Cuando Charlot escapó furtivamente de un campo de concentración, gracias a su "parecido" con el tirano Hynkel, y suplantó por cuestiones del azar al dictador de Tomania; en ese momento, debimos haber escuchado.

El discurso de Charlot (esta vez como un barbero judío y amnésico que participó, sin recordarlo ya, en la primera guerra mundial) es un llamado a una rehumanización del hombre. La ciencia, las máquinas, la industria, han contribuido fatalmente a nuestra maldición -a pesar de haber sido concebidas, en principio, como medios para nuestro desarrollo en tanto humanos. La evolución se vio desplazada en favor de la avaricia, las ansias de poder, de dominio; el hombre somete al hombre, otra vez -aunque con nuevos medios.

Sus palabras nos piden reflexión. En medio de una nueva guerra -acaso la más brutal de los últimos tiempos- ese pedido fue poco escuchado, casi ignorado. ¿Se mantiene su propuesta?

Ahora, luego de sesenta y nueve años de haber sido pronunciado, escucho el discurso de Charlot y no puedo evitar preguntarme, ¿cuándo escucharemos realmente ese llamado? ¿Podremos escucharlo? Y es que al presenciar una masacre parecida a la ocurrida durante la última guerra mundial; cuando una señora poderosa -toda una "fama", ella- se atreve a decir descaradamente que espera que el holocausto contra su pueblo ocurrido hace cincuenta años no vuelva a ocurrir, mientras sus tropas asediaban una ciudad llena de inocentes, asesinándolos sin consideración alguna: en medio de este contexto maldito -que algunos piensan está a punto de acabar-, no puedo concebir que las palabras de Charlot hayan sido atendidas.

¿Hacerle caso a una ficción? No. Es que el discurso ya no es sólo de Charlot, el personaje, sino de Chaplin, el hombre. Ese discurso es del hombre, de la humanidad que espera. El hombre llama al hombre, pero éste no escucha; está enfermo y no dispone aún su recuperación.